
Esta es una pregunta que últimamente me hacen con frecuencia. Y cada vez me cuesta más
responderla.
El viernes 28 de agosto inauguro IMBORRABLE en la Casa de Cultura de Guardamar del
Segura. Esta es mi segunda exposición de 2026, después de SOBREVUELOS, que tuvo lugar en la
Casa Municipal de Cultura de Pedreguer, organizada por la Fundación Baleària.
Cuando alguien me pregunta cuándo podrá ver esas obras en mi ciudad, la respuesta empieza a
resultar incómoda: parece imposible.
No porque no quiera exponer en Torrevieja. Todo lo contrario. El problema es encontrar dónde. Y
eso, en una ciudad que presume de una intensa actividad cultural, debería hacernos pensar.
Torrevieja tiene artistas, muchos de hecho: pintores, fotógrafos, escultores, ceramistas, ilustradores
y creadores de todo tipo. Tiene escuelas municipales que forman a nuevos artistas y una
programación cultural capaz de llenar buena parte del calendario. Lo que no parece tener es algo
bastante más elemental: espacios suficientes y adecuadamente gestionados para que sus artistas
puedan mostrar su trabajo.
En la práctica, las dos principales salas municipales de exposiciones son Vista Alegre y el Centro
Cultural Virgen del Carmen. Y las dos presentan problemas.
También existen espacios de carácter privado que, en determinados momentos, ceden sus
instalaciones para acoger exposiciones. Es el caso, entre otros, del Real Club Náutico de
Torrevieja (RCNT) o de la Sociedad Cultural Casino de Torrevieja, algo que, evidentemente,
hay que agradecer. Pero estos espacios, por su propia naturaleza y por las condiciones en las que se
ofrecen, no pueden sustituir una verdadera red de salas públicas de exposiciones.
No se trata solo de disponer de cuatro paredes donde colgar cuadros. Un artista necesita espacios
concebidos y acondicionados para mostrar su trabajo, con una programación estable, unas
condiciones adecuadas y un criterio que permita acceder a ellos de manera transparente y
continuada. La colaboración de entidades privadas es bienvenida, pero no puede servir para
cubrir las carencias de la infraestructura cultural pública.
La sala de exposiciones del Virgen del Carmen, por un lado, está ocupada la mayor parte del año
por las obras colectivas de las escuelas y talleres, IES y premios de pintura rápida municipales. Por
otro lado, las condiciones de mantenimiento e iluminación son manifiestamente mejorables. Tal es
así, que las paredes no siempre reciben, entre una muestra y otra, los retoques que necesita un
espacio destinado precisamente a exhibir obras de arte. La iluminación es deficiente, con tiras de
focos que o bien le faltan lámparas, o bien se quedan sin electricidad si los mueves.
Una sala de exposiciones no necesita ser lujosa, pero sí estar limpia, reparada, correctamente
iluminada y preparada para recibir una exposición.
Vista Alegre es otro asunto.
Durante 2026 ha acogido, hasta ahora, tres exposiciones. La última terminó oficialmente el 26 de
julio. Y después, silencio. Durante todo el mes de agosto, en plena temporada turística, la Sala
Vista Alegre no ha tenido ninguna exposición.
Lo curioso es que yo mismo pregunté a los responsables de la programación de Vista Alegre cuándo
podría exponer allí. La respuesta fue que 2026 y 2027 estaban ya completos.
¿Completos?
Pues parece que no tanto. Porque, mientras se me explica que no hay hueco para un artista local
durante dos años, una sala municipal permanece cerrada durante todo agosto.
No parece una cuestión de falta de artistas. Parece una cuestión de prioridades.
Y aquí es inevitable mirar hacia atrás.
Durante la época del llamado pentapartito, entre 2015 y 2019, la programación de Vista Alegre
fue, en mi opinión, muy superior a la actual. Y no lo digo únicamente por nostalgia. Basta con
revisar la hemeroteca para encontrar una sucesión de exposiciones y propuestas de muy distinta
naturaleza y gran calidad.
Por Vista Alegre pasaron entonces artistas como Juan Ros, Paco García Silva, Ricardo Vidal,
Manuel Balaguer, Tomy Ceballos, Rafael Maestro, Miguel Tomás, Israel Nicolás o Fran
Carrasco, entre muchos otros.
Al frente de aquella programación estaba mi amiga Carolina Martínez, quien, con su trabajo como
responsable de exposiciones de la Concejalía de Cultura, consiguió situar Vista Alegre como una
sala de referencia y atraer a artistas con diferentes trayectorias y reconocimiento.
¿Era todo perfecto entonces? Seguramente no.
Pero sí parece evidente que había una política expositiva.
Y ahí es donde creo que la actual Concejalía de Cultura pierde ampliamente la comparación.
No se trata de decir que antes todo fuera maravilloso y ahora todo sea un desastre. Se trata de algo
mucho más sencillo: comparar la utilización de un equipamiento público.
Una sala de exposiciones cerrada no sirve para exponer. Una sala con mala iluminación y con
paredes que no se mantienen adecuadamente no sirve bien para contemplar pintura ni está en las
mejores condiciones para acoger una exposición.
Y una programación que deja fuera durante años a artistas que solicitan exponer mientras mantiene
la sala cerrada durante un mes entero plantea, como mínimo, preguntas.
El Ayuntamiento puede presumir —y con razón— de una agenda cultural llena de conciertos,
festivales, teatro, fiestas y actividades. Pero la cultura no puede reducirse a llenar una agenda.
También hay que dar espacio a quienes crean y, sobre todo, facilitar que puedan mostrar lo que
crean.
Por eso, cuando me preguntan «¿y cuándo expones en Torrevieja?», la respuesta que doy empieza a
parecerme cada vez más lógica:
Este viernes en Guardamar. En Torrevieja, no sé cuándo. Parece ser que es imposible.
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