
Cuando las tareas artesanales posibilitan trabajar y hablar al mismo tiempo, compartí largas veladas con el Chache y otros peculiares personajes en la sastrería de Gregorio “Gore” , situada por aquellos entonces en la calle de Orihuela , frente al bar del “ Che”.
A la luz de la petromax , por lo de las restricciones eléctricas , confeccionando los trajes que medio pueblo estrenaba invariablemente el día de la Purísima , mientras miraba cómo los demás cosían , el Chache entrelazaba las manos posándose sobre su oronda barriga , comenzando a desgranar con un humor mordaz , corrosivo, amargo y sarcástico , una tras otra , multitud de anécdotas locales, arrancando desde los primeros conatos del movimiento obrero en Torrevieja, para finalizar con la última “hecha” del político de turno o la “comidilla” cotidiana.
El Chache, el Rey del Ocio , estaba por encima del bien y del mal y en nuestros días todavía le seguirán pagando el café , u otras prebendas , como se lo pagaban entonces , tan sólo por oirle hablar.
Empedernido consumidor de café , nuestro personaje con la jocosidad que le caracterizaba se vanagloriaba de no conocer el precio de una taza , asegurando no haber pagado ninguna a lo largo de su vida.
En cierta ocasión conminó a un alcalde de la época a quitarse el luto que guardaba , argumentando que como heredero de sus trajes ya estaba harto de vestir de luto.
Cuando al Chache le preguntaban si había trabajado alguna vez en su vida , respondía que sí, en el alambre, añadiendo continuación que en su época reparó somieres.
Y si la pregunta giraba en torno a de qué vivía , la cara del Chache sonreía al compás de su barriga cuando contestaba “ de lo que se vende en las tiendas “
José Baeza Pérez, “ El Chache “, fue el Groucho Marx de Torrevieja, donde nació , creció , y como última hecha una vez enterrado en su pueblo se le calló la casilla encima,
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