
En «Las cuatro estaciones» la premisa está clara: tres parejas que en cada estación hacen un viaje juntos. Sin embargo, los lazos entre ellos sufren un terremoto cuando una de las parejas se rompen.
Reconozco que cuando veo el nombre de Steve Carell me detengo a indagar si merece la pena ver esa serie. Y, casi siempre, así es. En este caso lidera el reparto de la primera temporada con un personaje histriónico que en muchos aspectos es el que tira del grupo de las otras dos parejas: dos gays y la típica pareja de mediana edad.
En cada capítulo se ve a qué se enfrentan cada uno de ellos, hasta que la decisión del personaje de Carell de separarse de su mujer hace que cambien muchas dinámicas. Por ejemplo, la costumbre de los cuatro viajes anuales, ya que aunque la mantienen, ahora tendrán que elegir entre ir con el hombre o con su exesposa.
Y no lo tienen fácil. El reparto de la serie, con Tina Fey, Will Forte y Colman Domingo haciendo excelentes interpretaciones, superan más de una y más de dos divertidas crisis.
La primera temporada de «Las cuatro estaciones» es una comedia muy entretenida, bien planteada y que te hace soltar más de una carcajada. Pero la segunda, desde mi punto de vista, sube la apuesta y la intensidad de las emociones y cómo los personajes afrontan la vida es todavía más interesante, sin renunciar a las carcajadas.
¿Es posible? Puedes saberlo en Netflix en ocho capítulos de treinta minutos por temporada.
Gabriel Estañ Cerezo
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