tarjeta-de-visita-torreviejaHoy al contemplar una foto y unos anuncios en un diario local digital, he comprendido por fin, que esto no tiene marcha atrás, que la Empresa, que fundamos Miguel y yo, se cierra. Tengo delante la foto de la nave, que ha ocupado hasta ahora nuestra Empresa, está pintada en azul y blanco, muy bonita. La puerta y las ventanas están abiertas, pero no se observa ninguna luz, están apagadas, como apagado está el fondo de nuestra alma, la de todos nosotros. Evitamos hablar, y si alguien habla, le rogamos que no siga. Nos duele mucho, muchísimo.
Por eso quiero expresar por escrito mis recuerdos y parte del camino andado. Son retazos de vivencias que voy a tratar de narrar por orden cronológico, pero sin fechas, solo meses o épocas del año.
Todo empezó en otoño de 1983. Después de un mes de vacaciones, Miguel volvió al trabajo y le dijeron que no, que unos días más, que no había trabajo. Ahí empezó Miguel a pensar en poner una imprenta.
El local ya lo tenía: los bajos de su casa. El dinero: un préstamo de dos millones de pesetas de la Caja Rural Central. Una mañana, me vestí con la mejor ropa que tenía y fui a ver al Director, Don Carlos, paisano mío de Orihuela y me lo dio. Trini, la hermana de Miguel, fue fiadora, con la única casa que tenía. Este hecho no lo he olvidado nunca.
Todo el material para trabajar: cajas con muchos tipos de letras, alguna máquina, guillotina… lo compró a unos intermediarios. Le salió muy bien.
Estábamos asustados.
Mari Paz me decía:
“-No pienses que vas a tener que pagar con tu sueldo el préstamo. Empezará a trabajar, a ganar…”
Por otra parte, también me decía.
“-Os vais a meter en una cosa muy fuerte.”
Mi hermana.
“-Que no me entere yo que pasáis ninguna necesidad. “
Su tío y además jefe, ni siquiera le dio una máquina retirada, que ya no usaba:
“-La tienen mis nietos para jugar.” Fue su respuesta.
Mi hermana:
“-No le van a dar ni una cuartilla.”
Y así fue.
El mes de febrero, fue el último mes de trabajo en la imprenta. Vestida de nuevo con lo mejor que tenía, fui a esperarla a la salida.
El 1 de marzo de 1984, se abrió la imprenta y a los dos años justos estaba pagado el préstamo. No me lo podía creer.
El primer trabajo lo llevó el Faraute del CIT, su amigo Eliseo, del Club Naútico el siguiente. La voz empezó a correrse….
Una mañana de abril, primavera en todo su esplendor, mi hermana Margarita y yo nos íbamos a Orihuela, Miguel estaba limpiando una máquina. No puedo olvidar esa cara de felicidad, de ilusión…Mi hermana y yo lo comentamos:
“ Da gusto verle así.”
Y la imprenta fue creciendo, el trabajo fue aumentando, más empleados, más material. El espacio de la planta baja se quedó pequeño. Hubo que habilitar el piso de arriba y por último pasar a la nave, que se ve en la fotografía que tengo delante. Dos plantas: la entrada, donde se recibe a los clientes, bien decorada. Amplio taller, ascensor, despachos, aire acondicionado.
Formamos una Empresa GRÁFICAS TORREVIEJA. Con protocolo, Consejo de Administración, Consejo de familia.
Paralelo a todo esto mis hijos estudiaron, ambos, con los gastos que conlleva, se compró nuestra vivienda, se compró la nave, se compró una parcela en el campo de Guardamar, se compró un coche, se compró y construyó la vivienda que habito actualmente, se compró el local del museo. Se constituyeron fondos en Bancos.
Y lo más importante. Se pagó puntualmente a todos los trabajadores y no hubo deudas a proveedores.
Anualmente se pagaban fondos a los socios.
A Miguel ya jubilado se le pagaba un alquiler de 2.000 euros.
A mediados de 2016 ya no hubo reparto de ganancias a los socios, el alquiler fue disminuyendo, hasta desaparecer y empezaron a haber pérdidas…
Hicimos todo lo que pudimos para seguir llevando la Empresa todos juntos.
Siguiendo el protocolo, aportando ideas, contratando a un economista.
Todo ha sido inútil.
La nave se cierra y con ella nuestros sueños de dotar a Torrevieja de una imprenta con buenos profesionales, como se escriben los comentarios en internet.
La causa remota de dicho cierre quizá sea la crisis de 2008. En 2010 se empezaron a tomar decisiones unilaterales…pero no quiero seguir, no son causas ni culpas lo que yo quiero expresar.
Termino diciendo que levantar GRAFICAS TORREVIEJA fue un camino largo, con esfuerzo, también con más luces que sombras.
El alma de la Empresa fue Miguel, con su valentía, su profesionalidad, su arte para componer y su sabiduría para dejarse ayudar. Por su familia primero, todos su mujer y sus dos hijos, Después en el taller, la contabilidad, el trato con el público.
Para él más que para ninguno de nosotros, debe ser decepcionante ver caer algo tan hermoso y ya sólo le queda decir como a Garcilaso de la Vega en su égloga primera:
“Salid sin duelo, lágrimas, corriendo”
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