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¿Qué ciudad queremos ser?

Torrevieja debería de hacerse una pregunta que va más allá de cualquier proyecto concreto: ¿ qué ciudad queremos ser?
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Hay decisiones que pueden parecer pequeñas cuando las miramos de manera aislada. Una nueva línea de autobús, un festival, un programa de empleo o una inversión. Pero cuando todas esas decisiones se acumulan, terminan creando algo mucho más importante: el modelo de ciudad que se está construyendo.

Y creo que Torrevieja debería hacerse una pregunta que va más allá de cualquier proyecto concreto: ¿qué ciudad queremos ser?

Este verano hemos visto varios ejemplos que permiten plantear ese debate.

El nuevo transporte urbano ha comenzado su implantación con una red que contempla líneas diurnas y nocturnas y una línea circular, con frecuencias que buscan mejorar las conexiones entre diferentes zonas de la ciudad. Es una buena noticia, pero también nos recuerda algo importante: el transporte público no es únicamente una cuestión de movilidad.

Para una persona que tiene coche, este tema puede ser secundario. Para un joven que todavía no conduce o no tiene coche, una persona mayor o un trabajador, puede determinar si puede acceder a un empleo, acudir al médico o, simplemente, desplazarse por la ciudad.

Por eso, el transporte también es una política de igualdad.

Algo parecido ocurre con el empleo. Recientemente se han anunciado seis programas de empleo y formación que han permitido contratar a 55 personas desempleadas, con una inversión superior a 1,8 millones de euros.

Son iniciativas muy necesarias. Pero también deberían hacernos pensar en una cuestión más amplia: ¿qué tipo de empleo queremos que genere Torrevieja?

Porque tener empleo no siempre significa poder construir un proyecto de vida. El turismo y las actividades vinculadas a él generan una parte importante de la actividad económica de nuestra ciudad, pero el reto está en conseguir que esa actividad se traduzca también en empleos estables, salarios dignos y oportunidades para quienes viven aquí durante todo el año.

Y este verano también hemos visto cómo Torrevieja apuesta por grandes acontecimientos. La llegada del Low Festival supone una oportunidad para atraer visitantes, generar actividad económica y proyectar la ciudad.

Pero una política turística no debería medirse únicamente por cuántas personas atrae. También deberíamos preguntarnos qué queda cuando el evento termina.

¿Beneficia al comercio local? ¿Genera empleo de calidad? ¿Amplía la oferta cultural de quienes viven aquí? ¿Qué impacto tiene sobre la movilidad, la limpieza o el uso del espacio público?

No se trata de estar a favor o en contra de los grandes eventos. Se trata de evaluar las políticas públicas por sus resultados.

Y precisamente ahí creo que está uno de los debates que necesitamos abrir en Torrevieja.

En política hablamos constantemente de proyectos, inversiones y cifras. Pero detrás de cada decisión existe una elección sobre qué necesidades consideramos prioritarias y qué modelo de ciudad queremos favorecer.

Los recursos son limitados. Por eso, gobernar también significa establecer prioridades.

Podemos apostar por el turismo y, al mismo tiempo, preocuparnos por la vivienda. Podemos atraer grandes eventos y desarrollar una cultura accesible durante todo el año. Podemos generar empleo y preguntarnos si ese empleo permite realmente construir un proyecto de vida. Podemos mejorar nuestras infraestructuras y asegurarnos de que llegan a todos los barrios.

No tenemos por qué elegir entre una ciudad turística y una ciudad para sus vecinos. El verdadero reto es conseguir que ambas cosas sean compatibles. Las políticas públicas no deberían medirse únicamente por lo que anuncian, sino por los resultados que producen y por cómo afectan a la vida cotidiana.

Una ciudad no tiene un único futuro posible. Las decisiones que tomamos hoy van determinando cuál de ellos terminaremos viviendo. Por eso, más que preguntarnos únicamente qué está pasando en Torrevieja, deberíamos preguntarnos hacia dónde queremos ir.

Porque el éxito de una ciudad no se mide solo por los turistas que recibe, los eventos que organiza o los puestos de trabajo que crea.

También se mide por si una persona joven puede imaginar su futuro aquí, por si una persona mayor puede moverse con autonomía y por si quienes viven en Torrevieja durante todo el año sienten que esta ciudad también está pensada para ellos.

No se trata de decidir si queremos que Torrevieja avance. Se trata de decidir hacia dónde.

Julia Ribeiro.

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