
A fecha de hoy, 17 de septiembre, el nuevo contrato para la gestión del Teatro Municipal,
el Auditorio Internacional y los Museos Flotantes de Torrevieja todavía no ha sido
adjudicado. Pero hay un dato que condiciona inevitablemente cualquier análisis del
procedimiento: solo una empresa ha presentado oferta. Esa empresa es Esatur XXI, SLU,
que por tanto es la única que puede resultar adjudicataria si finalmente se completa el
procedimiento en su favor.
Conviene empezar por una precisión. Este artículo no pretende cuestionar a Esatur ni
poner en duda la calidad del trabajo que viene desarrollando en Torrevieja. Al contrario: su
gestión durante estos últimos años ha demostrado que conoce los espacios, que tiene
capacidad para organizar una programación cultural de dimensión considerable y que ha
sido capaz de mantener una actividad estable en el Teatro y el Auditorio. El Ayuntamiento,
de hecho, ha planteado el nuevo contrato como una ampliación de ese modelo,
incorporando además por primera vez los Museos Flotantes.
Precisamente por eso la pregunta no debería ser si Esatur puede gestionar de nuevo
estos espacios. La pregunta es otra: ¿qué gana Torrevieja cuando nadie más compite
por hacerlo?
Estamos hablando, además, de un contrato de considerable dimensión. El presupuesto
base anual asciende a 2.931.882,70 euros, con una duración inicial de un año y
posibilidad de tres prórrogas, lo que sitúa su valor estimado por encima de los 10,3
millones de euros. El objeto también es más amplio que el del contrato anterior, al
incorporar los Museos Flotantes y toda una serie de servicios relacionados con
programación, gestión de actividades, mantenimiento, limpieza, seguridad, asistencia
técnica, comunicación y atención al público.
Y aquí aparece la comparación inevitable.
En la anterior licitación, correspondiente a 2022, concurrieron tres ofertas: la UTE SEDA
Ferrovial, la UTE Mediapro-Esatur XXI y Eulen Cultura. Finalmente resultó adjudicataria la
UTE Mediapro-Esatur XXI por 2.162.445 euros anuales. Es decir, entonces hubo
empresas que compitieron por hacerse con el servicio y una de ellas terminó
imponiéndose.
Esta vez, en cambio, la situación es diferente.
No es responsabilidad de Esatur que no haya habido más licitadores. La empresa ha
presentado su oferta dentro de las condiciones establecidas por el Ayuntamiento y, según
el informe de valoración, su propuesta económica obtuvo la máxima puntuación en el
apartado económico y su valoración global fue muy elevada.
Es decir, Esatur ha presentado una oferta competitiva. Lo que no podemos saber es si
habría presentado una oferta todavía más competitiva si hubiera tenido que enfrentarse a
otras propuestas.
Y ahí es donde entra en juego la actuación municipal.
El procedimiento establecía, con carácter ordinario, un plazo de 45 días para presentar las
ofertas. Sin embargo, se decidió reducirlo a 15 días al tramitar la contratación por vía de
urgencia.
Quince días pueden parecer suficientes cuando hablamos simplemente de presentar
documentación. Pero este no era un contrato sencillo. Una empresa interesada debía
estudiar un servicio de gran dimensión, elaborar una propuesta técnica y cultural, analizar
su viabilidad económica, calcular costes y recursos y, además, enfrentarse a una cuestión
especialmente relevante: la subrogación del personal que actualmente presta el servicio.
Eso significa conocer las condiciones laborales de esos trabajadores, calcular el impacto
económico de asumir la plantilla y determinar cómo encajar esa realidad en la nueva
estructura de gestión. Todo ello mientras se prepara una oferta capaz de competir por un
contrato que supera los diez millones de euros de valor estimado.
La reducción del plazo no demuestra, por sí sola, que las empresas decidieran no
presentarse por falta de tiempo. Sería aventurado afirmarlo. Pero tampoco parece
irrelevante preguntarse si disponer de solo 15 días pudo dificultar la concurrencia de
empresas que necesitaban estudiar con detalle un contrato de semejante complejidad.
Y hay un elemento más que hace que la pregunta cobre especial importancia.
La urgencia se justificó por la necesidad de garantizar la continuidad del servicio una vez
finalizara el contrato anterior, cuya vigencia estaba prevista hasta el 31 de agosto. Sin
embargo, posteriormente se recurrió a la prórroga del contrato anterior para garantizar
precisamente esa continuidad.
No se trata de afirmar que una cosa invalide automáticamente la otra. Se trata de plantear
una cuestión de oportunidad: si finalmente había margen para mantener
temporalmente el contrato anterior mediante una prórroga, ¿era imprescindible
reducir de 45 a 15 días el plazo para que las empresas pudieran preparar sus
ofertas?
La competencia en una licitación pública no existe únicamente para descubrir si hay otra
empresa capaz de hacer el trabajo. También sirve para que quien ya conoce el servicio
tenga que esforzarse en mejorar su propuesta.
Y eso puede beneficiar incluso al ganador.
Es perfectamente posible que Esatur hubiera vuelto a resultar adjudicataria aunque
hubieran concurrido tres, cuatro o cinco empresas. Incluso podría haber presentado
exactamente la misma oferta. Pero una licitación con mayor concurrencia habría permitido
comparar propuestas, condiciones económicas y proyectos diferentes antes de decidir
cuál ofrecía las mejores condiciones para la ciudad.
Ese es el aspecto que debería preocuparnos.
No que Esatur pueda continuar gestionando el Teatro, el Auditorio o los Museos Flotantes.
Tampoco que su propuesta haya obtenido una valoración muy elevada. Lo relevante es
que, en un contrato de más de diez millones de euros de valor estimado, los ciudadanos
de Torrevieja no hemos podido comprobar qué otras propuestas podrían haberse
presentado.
Una buena gestión no convierte en innecesaria la competencia. Al contrario: cuando una
empresa ha demostrado que puede hacer bien su trabajo, la competencia permite
comprobar hasta dónde puede llegar cuando tiene que medirse con otras.
Quizá Esatur vuelva a ser la mejor opción. Quizá hubiera vuelto a serlo con tres, cuatro o
cinco empresas compitiendo. Precisamente una licitación abierta y suficientemente
concurrida debería permitir comprobarlo.
Al final todo son hipótesis plausibles, pero por encima de todo hay una pregunta
inevitable: ¿Era realmente necesario tener tanta prisa?
Jaime Aniorte
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