
Con la llegada de cada estación del año aparece una nueva entrega de la revista. Cada número ofrece un espacio de encuentro para quienes escriben, investigan, crean y comparten sus conocimientos, y refleja una voluntad sostenida de acercar la cultura a los demás. En esta ocasión, la portada cuenta con una obra de Rafa Torres, quien ha aportado también las imágenes de las demás portadas de 2026. Su acuarela del horizonte marino otoñal acompaña esta entrega y nos invita, desde el primer momento, a detenernos y mirar.
Fundada a finales de 2005, Ars Creatio lleva más de veinte años enriqueciendo la vida cultural torrevejense. Su trayectoria abarca la literatura, el teatro, la música, la divulgación científica y la recuperación de nuestra historia. Las rutas teatralizadas, los proyectos educativos y los encuentros con creadores e investigadores forman parte de una labor que nos ayuda a conocer mejor el lugar en el que vivimos.
Creo que debemos valorar especialmente esa constancia. Una ciudad necesita personas dispuestas a investigar su pasado, conservar sus recuerdos y abrir espacios donde puedan expresarse nuevas voces. Necesita también lectores, espectadores y vecinos que encuentren en la cultura una forma de participar. Ars Creatio lleva años haciendo posible ese encuentro.
Quiero agradecer a Yolanda Cabezuelo el artículo que dedica en este número a mi exposición Imborrable, por su mirada sensible y por detenerse en lo que permanece bajo las capas de pintura: la memoria, las decisiones y el tiempo de creación. Además, he tenido la oportunidad de colaborar con otro artículo sobre esta exposición. Gracias a Ars Creatio por dar espacio a ambas reflexiones y acercarlas a sus lectores.
Participar en sus páginas permite apreciar de primera mano el valor de una publicación que nos acerca a intereses distintos y nos ayuda a descubrir otros que quizás no sabíamos que teníamos.
En esta presentación merecieron una atención especial los dos relatos premiados en la decimoctava edición del concurso internacional «Una imagen en mil palabras»: Elegía del resucitado, de Laura Mindán Sanz, y Al fiado, de Julia Castellano Llordella. El certamen recibió 407 trabajos inspirados en dos fotografías de Jaime Vera López. Una iniciativa nacida en Torrevieja vuelve así a reunir miradas y voces procedentes de distintos lugares.
Quiero destacar la sensibilidad de ambos textos, aunque se manifieste de maneras diferentes.
En Elegía del resucitado, la mirada de un hombre devuelto a la vida desde otra época sirve para observar nuestras costumbres con una ironía feroz. La prisa, la dependencia de las pantallas y la facilidad con la que dejamos de prestar atención a los demás aparecen sometidas a una crítica que provoca la sonrisa y deja una cierta incomodidad. Bajo esa sátira reconozco una preocupación muy humana: qué nos está ocurriendo cuando podemos estar rodeados de personas y, sin embargo, apenas encontrarnos con ninguna.
Al fiado se acerca a esa necesidad de encuentro desde la intimidad de un anciano que observa cada tarde a un niño en bicicleta. Julia Castellano Llordella construye una historia sobre la soledad, la distancia familiar y el afecto que puede crecer fuera del parentesco. Su delicadeza está en conceder valor a lo pequeño: una presencia cotidiana, un saludo, el reconocimiento que alguien recibe cuando parecía haberse vuelto invisible. Conviene leerlo sin conocer de antemano su desenlace y dejar que la emoción llegue a su tiempo.
Los dos relatos me llevan a pensar en la atención que prestamos a quienes tenemos cerca. Uno lo hace mediante una voz mordaz; el otro, con una ternura que se va abriendo paso entre el humor y la resignación. Ambos nos invitan a levantar la mirada y a reconocer algo de nosotros en sus personajes.
Ahí encuentro también una parte esencial de la aportación de Ars Creatio. Su trabajo crea ocasiones para que una fotografía se transforme en literatura, para que un recuerdo se convierta en conocimiento compartido y para que una historia ajena nos ayude a comprender mejor nuestra propia experiencia.
Torrevieja tiene motivos para agradecer y acompañar la labor de quienes sostienen la asociación, colaboran en su revista y hacen posible cada actividad. La continuidad de ese esfuerzo forma parte de nuestro patrimonio cultural.
Y a las dos autoras premiadas, gracias por recordarnos cuánto puede contener una historia de mil palabras.
Jaime Aniorte.
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